sábado, 31 de diciembre de 2011

Los serpas del "viejo" de la montaña.

Los hombres de su remota aldea encuadrada en las agrestes laderas del Himalaya a la edad de Carlos Soria son considerados como ancianos. Entre los suyos, Carlos sería uno de los jefes. Desde niños les han inculcado un respeto reverencial hacia las personas mayores, mucho más sabías gracias a su experiencia en el mundo y ahora deben ayudar a un “viejo” a subir ochomiles, algo totalmente impensable entre sus compatriotas y que trastoca su pequeño mundo siempre ligado a la montaña y a su pueblo.
En todos los años que llevan haciendo el mismo trabajo, ayudando a extranjeros a ascender montañas, nunca habían visto nada similar. Son muchos los llamados alpinistas que contratan sus servicios ya sea como portadores, para abrirles rutas por la montaña o simplemente para tirar de ellos cuando sus fuerzas se reducen a causa de la altitud. Están acostumbrados a la ingratitud de no aparecer en los flashes pese al esfuerzo realizado y a que sus hazañas no alcancen la debida importancia, pero esa es su vida. Subir y bajar montañas acompañando a los que tienen dinero.
Cuando les encargaron el trabajo pensaron que se trataba de una broma. Ayudar a un hombre de 72 años a subir al Kangchenjunga era algo que hasta entonces creían imposible. A su edad debería estar en casa descansando. Pero no. Carlos era diferente y no estaba de broma. Bajo su sonrisa y humildad se escondía un hombre con un espíritu indomable, la fuerza de un guerrero y todo constancia y valentía. Un superviviente, un titán de la montaña, con más de 50 años de experiencia y cumbres de todo el planeta a sus espaldas. A pesar de ello vislumbraban el encargo como algo complicado. Creían que tendrían que tirar montaña arriba de un hombre débil, alguien cuya presencia sería una carga más. Sin embargo, se equivocaban. El viejo alpinista era mucho más que eso. Desde el primer momento les trató con respeto, haciéndoles ver la importancia de su presencia en la expedición, dejándoles claro su papel y lo que se esperaba de ellos. El jefe reconoció desde el principio que le iban a ayudar, no ocultó en ningún momento su presencia, como si hacen otros muchos por vanidad y les hizo integrarse en un equipo que sabía muy bien lo que había ido a hacer a la inmensa cordillera del Himalaya.
Así, ambos serpas tomaron un cariño especial por Carlos. Por fin habían encontrado alguien de raza, que amará la montaña tanto o más que ellos y viviera para ella. Una persona que les trataba con respeto y depositaba su confianza en sus conocimientos sobre la cima. Un ejemplo para las personas de todas las edades y ellos participando de su presencia podrían aprender de él. Nunca tuvieron dudas. Irían con aquel español hasta donde hiciera falta, no les importaba la fama, ni el dinero si no la magia especial que destilaba su cuerpo. Compartirían comida, cama, letrina y horas de interminables ascensiones hasta hollar la cumbre y conseguir un paso más en la carrera de Soria. Ellos serían participes de su hazaña y podrían contar a sus nietos y a los niños de su aldea cuando fueran ancianos que conocieron a un hombre que a su edad, escalaba ochomiles hasta rozar las nubes con sus manos como si de un Dios se tratara.
Carlos Soria es un extraño en su mundo, un extraño al que guardan un respeto reverencial y al que en el fondo admiran. En sus interiores desean llegar a esa edad en plenitud física y mental como su nuevo jefe, en lugar de estar encerrados en una choza de su aldea viendo el tiempo pasar y contando historias a sus nietos. El ver a una persona de más de 70 años escalando con ellos les asombra, sienten que deben ayudarle a conseguir sus retos porque al fin y al cabo sabe más que ellos, ha vivido más y ha visto mucho más. Así que, toman como algo personal el que Carlos logré ascender al Kangchenjunga no solo porque les paga sino porque desde niños sienten y creen que a los mayores hay que ayudarles cuando lo piden y servirles en todo lo que pidan. Es su cultura y ahora que un extraño español se ha empeñado en hacerla saltar por los aires no pueden hacer más que respirar bien fuerte, sacar fuerzas de flaqueza y seguir subiendo hasta alcanzar la cima junto a su venerable “anciano”.
Por Alejandro Salguero

El crudo invierno de Juanma

Esta no es una historia sobre una gran figura del mundo del fútbol. De esas hay pocas y están muy sobrevaloradas a pesar del talento que esconden en sus botas y las pasiones y sentimientos que son capaces de levantar. Es un relato sobre alguien más sencillo, un chaval de barrio que con solo 11 años sueña con llegar un día a jugar con los más grandes. Alguien que por problemas de salud tiene que luchar más que nadie por hacer que sus deseos futuros se hagan realidad. Unas metas, que una cruel enfermedad se empeña en alejarle poco a poco un pasito más.

martes, 13 de diciembre de 2011

El Barça baja al Madrid de las nubes

Un golpe en la mesa. Un fuerte puñetazo sobre el verde tapete en el que se desplegaban las cartas y la toma de conciencia de la triste y cruda realidad. Esa fue la respuesta de un Barcelona, que llegaba herido al Bernabéu y salió de él con la moral por las nubes, dejando a su rival cariacontecido, sin explicaciones y argumentos a su incontestable dominio. La historia se repetía como tantas veces en los últimos años. El inmaculado estadio blanco se teñía de blaugrana y la lucha por una Liga hasta entonces camino de la capital se avivaba hasta antojarse épica.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El hombre que unió Bélgica

El ciclismo es el deporte más importante de Bélgica. Un país que vive en medio de una gran crisis institucional, con la población dividida en dos bandos flamencos y valones. Entre todo este caos sobresale la figura de un joven ciclista valón de 29 años, que ha conseguido unir a todo el pueblo belga entorno a él. Su nombre es Philippe Gilbert.  El suyo siempre ha sido un país ávido de ídolos desde la retirada de Eddy Merckx, y solo circunstancialmente, algún deportista consiguió llenar el vacío hasta su llegada. Frank Vandenbroucke lo hubiera logrado, pero su carrera se malogró por las drogas y las malas compañías. En su lugar surgió un ciclista todo corazón, que tuvo que marcharse a Francia para cumplir su sueño y poco a poco fue escalándose peldaños en el escalafón UCI, desde el puesto 48 que ocupaba a los 22 años hasta coronarse la pasada temporada como indiscutible número uno con 18 victorias.

Ryan Lochte, el hombre que nadó sobre Phelps

En La pachanga de los lunes queremos ofrecer un hueco al deporte. Aquí no solo se va a hablar de fútbol. Balonmano, tenis, rugby, baloncesto e incluso natación tienen su hueco en este blog polideportivo en el que esperamos sacar a la luz aspectos desconocidos de algunos deportistas, grandes historias y hazañas míticas entre otras cosas.

¿Y qué mejor manera de empezar algo que centrarse en la figura del que para muchos ha sido el personaje del año en el mundo del deporte? Aquí no tenemos ninguna duda ese es Ryan Lochte. Su irrupción fulgurante en los Mundiales de Natación de Shangai, pasando por encima del todopoderoso Michael Phelps no puede ser igualada por cualquier otra actuación deportiva este año 2011.